Xavier Zubiri impartió en 1975 el curso Reflexiones filosóficas sobre lo estético, en el cual afirma que el sentimiento estético “para nada es la obra de arte”. Aunque comúnmente se asocia el sentimiento estético con el arte y la naturaleza como las razones principales por las cuales algo nos parece bello, aquel sentimiento que nos produce lo bello y las razones para un sentimiento, permanecen como un misterio. Dos posturas tradicionales pueden adoptarse al respecto: considerar el sentimiento estético como una mera cuestión humana o afirmar que se encuentra en las cosas mismas, en lo real. Zubiri desarrolla esta segunda postura a partir de una teoría general del sentimiento, lo cual permite no solo repensar lo estético, sino también comprender la formación del hombre en su relación con la realidad, dimensión fundamental para la educación.
El autor distingue tres concepciones tradicionales del sentimiento: como tendencia, como estado subjetivo y como modo de estar realmente en la realidad. Esta última es la propuesta propia de Zubiri. El sentimiento humano no consiste únicamente en una modificación del tono vital para con el mundo, sino en un modo de hacerse cargo de la realidad. El hombre no solo responde a estímulos, sino que aprehende lo real como realidad y se sitúa en ella. En este sentido, el sentimiento es un principio tónico de lo real, un modo de actualización mediante el cual la realidad queda presente como afección.
Desde esta perspectiva, todo proceso de aprendizaje implica necesariamente un atemperamiento afectivo. El estudiante no se enfrenta a la realidad de manera neutral: la realidad que se presenta en la educación, sea científica, ética, lógica o filosófica, se actualiza siempre bajo formas de fruición, satisfacción, dificultad o desagrado. Aprender no es únicamente comprender contenidos, sino quedar afectado por la realidad que estos contenidos hacen presente. El sentimiento no acompaña externamente al aprendizaje, sino que constituye una de sus condiciones fundamentales.
El sentimiento estético, en particular, no es un sentimiento especial ni un estado subjetivo aislado, sino una dimensión presente en todo sentimiento. La fruición y el disgusto son cualidades atemperantes mediante las cuales la realidad se actualiza en nosotros. Lo estético no es un añadido posterior, sino una dimensión primera del sentir, del mismo modo que lo verdadero es una dimensión de la intelección y lo bueno de la volición. Toda experiencia educativa posee una dimensión estética.
Una educación que ignora el carácter atemperante de la realidad y el papel constitutivo del sentimiento forma sujetos desarraigados de lo real, incapaces de comprender su propia relación con el mundo. Desde el realismo de Zubiri, educar no es solo informar o instruir, sino introducir al hombre en la realidad misma, en la intemperie de lo real, donde el sentimiento, lo estético y el conocimiento se encuentran originariamente unidos.
