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La actividad física puede ser mucho más que ejercicio. Cuando se combina con la convivencia, el juego y la participación familiar, también se convierte en una herramienta para fortalecer vínculos, desarrollar habilidades y construir comunidades escolares más saludables.

Con esta visión, la docente Noemí Ruth Medina Ledezma, de la Primaria H. H. Fleishman, en Tampico, Tamaulipas, desarrolló la buena práctica “Fortaleciendo lazos en comunidad”, dirigida inicialmente a estudiantes de primero y segundo grados y a sus familias.

El proyecto surgió de la necesidad de promover hábitos saludables y generar espacios de interacción entre madres, padres, cuidadores y estudiantes. Para lograrlo, se diseñaron sesiones físico-recreativas al aire libre, con una duración aproximada de una hora y media, realizadas en un ambiente seguro, inclusivo y respetuoso.

La propuesta buscó aprovechar los espacios de la escuela para desarrollar actividades que integraran movimiento, música, juego y reflexión. Más que organizar una convivencia sabatina, el propósito fue crear escenarios de aprendizaje en los que las familias participaran activamente y descubrieran nuevas formas de relacionarse con sus hijas e hijos.

El proyecto se desarrolló mediante cinco etapas: sensibilización, planificación, organización, ejecución y evaluación. Esta ruta permitió identificar las necesidades de la comunidad, preparar las actividades, distribuir responsabilidades, reunir evidencias y analizar los resultados obtenidos.

Durante las sesiones se realizaron secuencias rítmicas musicalizadas, juegos de integración y retos cognitivos y motrices. Algunas actividades se desarrollaron en grupo, mientras que otras requirieron la colaboración directa entre estudiantes y sus familiares. De esta forma, las parejas debían comunicarse, tomar acuerdos, respetar reglas y trabajar juntas para alcanzar una meta.

Cada sesión comenzaba con una bienvenida y una revisión del estado de ánimo de los participantes. Después se explicaba el objetivo de las actividades y se daba paso a la interacción en parejas, equipos o plenaria. Al finalizar, se realizaba una reflexión para reconocer emociones, aprendizajes, actitudes y aspectos que podían reforzarse en casa.

Las actividades se adaptaron a las características de cada grado. Con las y los estudiantes de primero se trabajaron especialmente la expresión corporal, el ritmo y la coordinación. En segundo grado se incorporaron ejercicios para fortalecer el respeto por los turnos, las reglas y la organización dentro del juego.

La participación de toda la comunidad educativa fue fundamental. El equipo directivo autorizó horarios y espacios; las y los docentes colaboraron con la difusión, el registro y el seguimiento; y las familias asumieron un papel central en el desarrollo de las actividades. Con recursos materiales mínimos, algunos de ellos reciclados, se demostró que la disposición, la organización y el trabajo en equipo pueden generar experiencias significativas.

Entre los principales cambios observados destacó el entusiasmo de las niñas y los niños por convivir con sus familias y sentirse protagonistas de la actividad. Madres, padres y cuidadores también tuvieron la oportunidad de observar habilidades y actitudes de sus hijas e hijos que no siempre pueden reconocer durante la vida cotidiana.

La experiencia mostró que la Educación Física no se limita al desarrollo corporal. También puede fortalecer habilidades socioemocionales, pensamiento, comunicación, colaboración y aprendizaje en comunidad. Además, ofrece una alternativa para prevenir problemas relacionados con el sedentarismo, el estrés y el sobrepeso, mientras promueve mejores relaciones interpersonales.

“Fortaleciendo lazos en comunidad” demuestra que abrir la escuela a las familias puede transformar sus espacios en lugares de convivencia, bienestar y aprendizaje compartido. También confirma que los hábitos saludables se construyen con mayor fuerza cuando trascienden el aula y se incorporan a la vida familiar.

En Proeducación creemos que una escuela fuerte es aquella que escucha a su comunidad, impulsa el bienestar y crea oportunidades para que estudiantes, familias y docentes aprendan y crezcan juntos.

Escuelas Fuertes, México imparable.


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