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La teoría del valor (también denominada axiología) consiste en el estudio filosófico de los valores morales, estéticos, prácticos, entre otros. En la vida cotidiana es común hablar sobre aquellas cosas que nos parecen buenas y malas, bellas y feas, útiles e inútiles, y por lo general es a partir de esto que formamos un juicio del mundo y de las cosas. Ahora bien, en un principio la forma en la cual se lleva a cabo un juicio ya es por sí solo un tema rico en discusión[1] y no indagaremos en ello.

Por ahora, acordemos que sea bajo la forma que sea, hacer un juicio nos resulta sencillo y es de algún modo natural para nosotros que sea así. No se sigue por lo tanto que estos sean correctos, de hecho, gran parte de las ocasiones no lo son. Cuando descubrimos que un juicio es deficiente entramos en conflicto, y encontrar la claridad suficiente del por qué hemos establecido cierto valor sobre algo de un modo en particular, no es para nada sencillo de definir.

La forma clásica para comenzar a definir un valor consiste en distinguir entre los valores que son intrínsecos a las cosas y los valores que son extrínsecos. Los primeros refieren a aquellos valores que son en función de sí mismos y el segundo sobre aquellos que valen en función de otra cosa. Por ahora, dejemos a un lado los valores intrínsecos, estos nos traerán muchos problemas. Hagamos enfoque en los valores extrínsecos. Si llevamos esta forma a lo concreto, ¿qué ejemplos podríamos dar de cada uno?

Llevemos el caso a la educación, principalmente al estudio y a la pregunta del por qué estudiamos una materia. No voy a distinguir de manera fundamental entre razones personales y razones del mundo ya que no encuentro diferencia entre ambas[2]. Hay simplemente razones para estudiar algo, algunas me pueden beneficiar directamente y algunas pueden no hacerlo. Segundo, las razones para estudiar cualquier materia pueden variar y cada una nos irá llevando a otra, como una escalera. Por ejemplo, si estudio para obtener buenas calificaciones, deseo quizá obtener buenas calificaciones para conseguir algún bien o tener una buena relación con mis padres.

Quizá también pueda desearlo para que en un futuro pueda entrar a una buena universidad que me permita en algún punto obtener un trabajo y por consiguiente una vida económicamente estable. En esto consiste un valor, aquello que digamos se busca en función de un acto. Una característica esencial a los valores extrínsecos es que el valor del acto se encuentre necesariamente en función de otro valor.

El estudio me lleva a otro bien y ese bien, me lleva a otro bien. También funciona de manera negativa, si no estudio entonces sufriré consecuencias que me generen un mal. Ahora bien, esto no significa que necesariamente sea así hasta el infinito, puede darse por solo dos razones, como el placer momentáneo de comer un dulce. Si nos fijamos en esto, además podemos agregar valores. Si alimentó mi placer con dulces, es posible que en algún punto sufra de algún mal, por ejemplo, que me enferme del estómago.

El punto es que los valores extrínsecos están obligados a determinarse por otros valores. Es posible, sin embargo, ¿qué alguno de estos valores sea un valor en sí mismo? Es decir, que podamos detenernos en uno de manera singular. Este problema nos refiere a los valores intrínsecos, mismo que analizaremos con detalle en la segunda parte.

 

[1] Un ejemplo clásico sobre estas discusiones es aquella en torno a si los juicios son objetivos o subjetivos, es decir, si es que se forman a partir de una realidad dada en concreto o si en nosotros ya hay un estructura previa que los determina de algún modo.

[2] Veámoslo así. Si llegásemos a encontrar razones personales per se, estas fundamentalmente tendrían que ser razones para un valor, de manera que no es necesario distinguirlas. No confundamos el valor intrínseco con el valor personal, puesto que todo valor personal y del mundo son valores extrínsecos. Un valor intrínseco no puede estar en función de un interés ajeno ya que esto contradice nuestra definición inicial. Digamos que mi razón personal para estudiar historia es saber más que mis compañeros, en ese caso no hay nada propio en mi razón, sino en hacerla en el mundo. Lo personal solo es posible en función de lo impersonal.