Construir un buen ambiente escolar requiere intención, constancia y estrategias que permitan a niñas y niños convivir desde el respeto. En cada aula se reúnen distintas personalidades, emociones y formas de aprender; por eso, el acompañamiento docente es clave para orientar al grupo hacia una convivencia sana y pacífica.
Con esta visión, la docente Yazmín González Sánchez, de la Primaria Ignacio M. Altamirano, en Naucalpan de Juárez, Estado de México, desarrolló la buena práctica “Una receta mágica”, una intervención pedagógica enfocada en mejorar el ambiente escolar con estudiantes de quinto grado.
La práctica surgió ante la necesidad de atender conductas poco favorables, como agresiones verbales o físicas, dificultades para trabajar en equipo y escasa práctica de valores. Para responder a este reto, la docente diseñó cinco acciones esenciales: dinámicas integradoras, acuerdos de convivencia, pausas activas, diálogo constante sobre valores y juegos de mesa o recreativos durante el recreo.
El primer paso fue generar confianza mediante actividades como “El espejo”, “El mensaje equivocado” y “Armando la palabra”, que ayudaron al grupo a conocerse mejor, comunicarse y practicar la empatía. Después, las alumnas y los alumnos participaron en la construcción de acuerdos de convivencia, lo que permitió que las reglas fueran comprendidas y asumidas como responsabilidad compartida.
Las pausas activas con música también fueron parte importante de la estrategia, ya que ayudaron a mejorar la atención, reducir el estrés y favorecer el bienestar físico y emocional. A esto se sumó el diálogo cotidiano sobre valores y buenas actitudes, mediante historias, juegos y actividades que llevaron el respeto y la inclusión a situaciones concretas.
Finalmente, los juegos de mesa y recreativos durante el recreo se convirtieron en una oportunidad para convivir, respetar turnos, seguir acuerdos y fortalecer habilidades socioemocionales.
Los cambios observados fueron significativos: disminuyeron las agresiones, mejoró la integración en equipos y las niñas y los niños participaron con mayor responsabilidad en el cumplimiento de los acuerdos. Incluso algunos estudiantes expresaron sentirse más a gusto en un salón donde podían convivir sin agresiones.
“Una receta mágica” demuestra que la convivencia escolar se construye todos los días, con acciones sencillas pero constantes. También recuerda que el ejemplo docente, la escucha y el acompañamiento pueden transformar el aula en un espacio seguro, participativo y respetuoso.
En Proeducación creemos que cada buena práctica fortalece la vida escolar y abre nuevas oportunidades para aprender mejor.
Escuelas Fuertes, México imparable.
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