Por Johesvi Valero Escalón – Escuela Primaria José Ma. MorevóMatehuala, SLP
En la comunidad de Viborillas, en el municipio de Matehuala, San Luis Potosí, una pequeña escuela multigrado se convirtió en el punto de partida para un gran viaje: una exploración lúdica y profunda del universo. La buena práctica “Una visita al espacio”, liderada por la Mtra. Johesvi Valero Escalón, demuestra cómo la transversalidad, la ciencia y la imaginación pueden transformar la experiencia educativa de niñas y niños en contextos rurales.
Conectando con la curiosidad natural de los niños
El proyecto nació del deseo de explicar fenómenos cotidianos como el día y la noche, los cambios de estación o las fases lunares, a través de ejemplos reales y cercanos. El enfoque no fue memorizar conceptos, sino despertar preguntas: ¿por qué cambia la Luna? ¿cómo se mide el tiempo? ¿cómo se mueve la Tierra?
La maestra trabajó con alumnos de 1º a 3º grado, adaptando los contenidos del plan de estudios 2022 a una secuencia de actividades que cruzaban los límites de las asignaturas. Desde la observación del cielo hasta la construcción de modelos, los estudiantes aprendieron de forma activa, creativa y significativa.
Un proyecto transversal: ciencia, arte, historia y más
La práctica integró saberes de múltiples áreas:
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Ciencias naturales: observación de las fases lunares, movimientos de la Tierra y el Sol, causas de los eclipses.
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Matemáticas: estimaciones de distancia y tiempo, cálculos entre fases lunares.
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Español: entrevistas comunitarias, redacción de historias de viajes espaciales, análisis de leyendas mexicanas.
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Historia y geografía: científicos astrónomos, ubicación geográfica y fenómenos naturales.
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Formación cívica y ética: visibilización del papel de las mujeres en la ciencia, como astronautas mexicanas.
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Artes: creación de un universo dentro del aula con representaciones visuales del sistema solar.
Este enfoque favoreció el pensamiento crítico, el trabajo colaborativo, la alfabetización científica y el sentido de pertenencia cultural.
De lo local a lo cósmico: colaboración con un club astronómico
Una de las experiencias más significativas fue la colaboración con el Club de Astronomía de Cedral, que facilitó la observación del Sol a través de telescopios, ofreció charlas especializadas y proveyó lentes certificados para observar de forma segura el eclipse solar de 2024.
Los estudiantes también construyeron cohetes con propulsión de agua, cámaras oscuras y registraron el ciclo lunar en calendarios. Estas actividades, guiadas por la emoción de ver y tocar, hicieron que el aprendizaje fuera memorable y duradero.
Resultados: pensamiento crítico, autoestima y lenguaje científico
La maestra Johesvi observó un cambio notable en sus estudiantes: mayor seguridad para expresarse, preguntas más profundas, mejor comprensión de fenómenos naturales y un entusiasmo renovado por asistir a la escuela.
El conocimiento dejó de ser abstracto y se volvió parte de su vida cotidiana: desde la siembra del maíz hasta las historias que contaban en casa.
Recomendaciones para docentes
La experiencia dejó aprendizajes clave:
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Trabajar desde los intereses del alumnado.
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Fomentar la observación, la investigación y el juego.
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Conectar contenidos con el contexto local.
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Establecer vínculos con actores externos como clubes científicos o especialistas.
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Pensar la escuela como espacio abierto, flexible y lleno de posibilidades.
Una visita al espacio no fue solo una unidad didáctica: fue una oportunidad para mirar al cielo y entender mejor la Tierra. Y, sobre todo, para demostrar que incluso desde una pequeña comunidad, se puede formar a grandes exploradores del conocimiento.
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