La convivencia escolar no es un tema “extra”: es la base para aprender. Lo que ocurre en el recreo y en el patio impacta directamente el ambiente del aula, la seguridad y la forma en que niñas y niños se relacionan. Por eso, mejorar la convivencia requiere acciones concretas y sostenidas, con participación de toda la comunidad escolar.
En la Primaria “Amado Nervo” (Ejido La Pedrera, Altamira, Tamaulipas) se implementó la buena práctica “Cómo convivimos en la escuela”, enfocada en fortalecer el respeto, la comunicación y la resolución pacífica de conflictos, promoviendo valores como empatía, tolerancia y solidaridad.
El reto: juegos bruscos y accidentes en el recreo
El punto de partida fue claro: durante el recreo, algunos juegos se basaban en correr o “luchar”, lo que provocaba golpes y lastimados. En lugar de responder solo con llamados de atención, se buscó prevenir: definir acuerdos, reorganizar el espacio y ofrecer alternativas de juego.
La estrategia: acuerdos + participación + alternativas
La práctica se apoyó en tres acciones principales:
- Organización comunitaria: se conformó un comité de convivencia escolar con docentes, familias y estudiantes para coordinar y dar seguimiento.
- Reglas claras: se elaboró un reglamento de convivencia para establecer normas y expectativas compartidas en el recreo.
- Activación del patio: con apoyo de madres y padres (mano de obra y materiales), se pintaron juegos tradicionales en el patio —como avión, bebeleche y gusanito— para promover dinámicas más ordenadas y cooperativas.
¿Qué cambió?
El impacto fue visible en lo cotidiano: más niñas y niños participando en juegos organizados, mayor colaboración entre pares y menos incidentes derivados de juegos bruscos. Más allá de la pintura, lo valioso fue instalar una idea clave: la convivencia se enseña y se cuida.
Claves para replicarlo
- Definir con precisión el problema (qué pasa, dónde y cuándo).
- Involucrar a familias y escuela desde el inicio.
- Mantener reglas simples, visibles y consistentes.
- Dar seguimiento con indicadores básicos (accidentes, conflictos, participación).
Cuando una escuela construye acuerdos y ofrece alternativas, el recreo deja de ser un riesgo y se convierte en un espacio formativo.
Escuelas Fuertes, México imparable.
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