El aprendizaje se vuelve más significativo cuando la escuela integra a las familias y convierte los temas importantes en experiencias compartidas. Así ocurrió en la Escuela Primaria “Tata Vasco”, ubicada en Tequexquinahuac, Tlalnepantla de Baz, Estado de México, donde la docente Dorian Mabel Olvera Mendoza desarrolló la buena práctica “¡Cuidando el agua con todos los colores del arcoíris!”.
El proyecto surgió de la necesidad de fortalecer la relación entre escuela, familia y comunidad, al mismo tiempo que niñas y niños reflexionaban sobre el cuidado del agua, la inclusión y el trabajo en equipo. Para lograrlo, se utilizó la metodología de Aprendizaje-Servicio, que permite aprender mientras se realizan acciones con beneficio para la comunidad.
La experiencia incluyó juegos, canciones, organizadores gráficos y la creación de un mural comunitario. En actividades como “Atrapa la gota”, “Canción por el agua y la inclusión”, “Rompecabezas del agua y la diversidad” y “Las gotas que nos unen”, estudiantes y familias participaron desde el juego, la colaboración y el diálogo. Cada dinámica ayudó a comprender que cuidar el agua también implica responsabilidad, empatía y compromiso colectivo.
Después, madres y padres de familia elaboraron organizadores gráficos sobre trabajo en equipo, cuidado del agua e inclusión. Este ejercicio permitió que se involucraran directamente en el aprendizaje de sus hijas e hijos, compartieran información y reconocieran la importancia de participar en la vida escolar.
Uno de los momentos más significativos fue el diseño y pintura del mural. Las niñas y los niños aportaron ideas y dejaron las huellas de sus manos; las familias apoyaron con la pintura y los detalles. Durante cinco sesiones, la comunidad escolar construyó una obra que no solo embelleció la escuela, sino que dejó un mensaje visible sobre inclusión, colaboración y cuidado del agua.
Al finalizar, el mural fue presentado oficialmente ante la comunidad escolar. El corte de listón simbolizó el cierre de un proceso colectivo de aprendizaje, convivencia y compromiso. Más que una obra artística, el mural se convirtió en un recordatorio permanente de lo que puede lograrse cuando escuela y familias trabajan juntas.
Los cambios observados fueron importantes: las y los estudiantes fortalecieron habilidades de organización, planeación, creatividad y expresión oral; las familias estrecharon vínculos con la escuela; y la comunidad contó con un símbolo visual para reflexionar sobre valores como respeto, responsabilidad, tolerancia y empatía.
Esta buena práctica demuestra que cuando las familias participan, el aprendizaje se fortalece y las niñas y los niños se sienten más acompañados, valorados y motivados.
En Proeducación creemos que una escuela fuerte también se construye con familias presentes, docentes comprometidos y comunidades que aprenden juntas.
Escuelas Fuertes, México imparable.
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