Proed en casa Aula virtual

La ciencia se vuelve más cercana cuando niñas y niños pueden investigar, observar, experimentar y compartir sus hallazgos. Con esta idea, la docente Valery Naomi Güemez Sánchez, de Lowry School, en Benito Juárez, Quintana Roo, desarrolló la buena práctica “Dinofósiles: descubriendo el pasado a través de la ciencia y la creatividad”, dirigida a estudiantes de sexto grado.

El proyecto surgió al identificar poco interés por la ciencia y dificultades para comprender la importancia de los fósiles, su proceso de formación y su relación con la historia de la vida en la Tierra. Para responder a este reto, la docente diseñó una experiencia interdisciplinaria, práctica y creativa, alineada con la Nueva Escuela Mexicana.

La primera etapa consistió en investigar conceptos clave sobre fósiles, dinosaurios y eras geológicas. A través de fuentes bibliográficas y recursos digitales, las y los estudiantes aprendieron cómo se forman los fósiles, qué información nos ofrecen sobre el pasado y por qué son importantes para entender la evolución de la vida. Después, cada estudiante eligió un dinosaurio de su interés e investigó sobre su hábitat, alimentación, características físicas y periodo de existencia para crear una infografía.

Esta actividad fortaleció habilidades de lectura, análisis, síntesis y comunicación visual. Además, permitió integrar distintos campos formativos como Lenguajes, Artes, Ética, Naturaleza y Sociedades, así como Saberes y Pensamiento Científico.

El proyecto también incluyó actividades matemáticas relacionadas con masas, capacidades y unidades de medida, aplicadas a situaciones vinculadas con fósiles y dinosaurios. De esta manera, las y los estudiantes comprendieron que las matemáticas también forman parte del trabajo científico y pueden aplicarse a contextos reales.

Uno de los momentos más significativos fue la visita guiada a las zonas arqueológicas El Rey y San Miguelito, así como al Museo Maya en Cancún. Esta experiencia permitió conectar lo aprendido en clase con vestigios históricos y culturales de su entorno, haciendo que el pasado se volviera más tangible y cercano.

Posteriormente, el grupo realizó una excavación simulada dentro de la escuela, donde buscaron dinosaurios de juguete “escondidos”. Esta dinámica les permitió asumir el papel de paleontólogos, aplicar lo investigado y vivir el aprendizaje desde la emoción del descubrimiento.

Otra actividad central fue la recreación de tres tipos de fósiles: petrificación, fósiles de impresión y fósiles en ámbar. Con materiales como yeso, agua, resina, harina, sal, plastilina y hojas secas, las y los estudiantes elaboraron réplicas que les ayudaron a comprender de forma práctica los procesos de fosilización.

El cierre del proyecto fue la creación de un museo de fósiles dentro de la escuela, donde el grupo presentó sus infografías, réplicas y aprendizajes a directivos y familias. Esta exposición permitió reconocer su esfuerzo, fortalecer su seguridad al comunicar lo aprendido y compartir con la comunidad escolar los resultados de una experiencia colectiva.

Entre los principales cambios observados destacaron una mejor comprensión de conceptos científicos, mayor interés y participación en actividades de ciencia, fortalecimiento del trabajo en equipo y desarrollo de habilidades como investigación, expresión oral, creatividad y pensamiento crítico.

“Dinofósiles” demuestra que aprender ciencia también puede ser una experiencia activa, inclusiva y emocionante. Cuando las y los estudiantes investigan, crean y comparten, el aprendizaje se vuelve más profundo y significativo.

En Proeducación creemos que una escuela fuerte también es aquella que despierta preguntas, impulsa descubrimientos y acompaña a niñas y niños a mirar el mundo con curiosidad.

Escuelas Fuertes, México imparable.

 

 


Click aquí para ver el documento completo